La lluvia había hecho acto de presencia y, sobre la marcha se cambió de ubicación. No pasa nada. No pasa nada por no seguir las normas, los cánones establecidos y lo que se puede esperar de una boda. Al fin y al cabo, se trata de la unión de dos personas ante sus familiares y amigos, independientemente de como se celebre. Y si se sienten más identificados con unos mosquetones de montaña que con unos anillos, pues palante.
Y si la fiesta se celebra en el jardín de su casa y alguno se atreve a lanzarse a la piscina pues palante también. Yull, su fiel mascota se marchó para siempre y Leo llegó para quedarse. Y si en lugar de tirar el ramo de novia se lanza un ramo de ajos, efectivamente: palante. La que lo cogió le hizo, quizá más ilusión, que si fueran las rosas más rojas del mundo.
Nos encantó fotografiar esta boda en Benavente porque fue un recordatorio de que una boda no necesita seguir ninguna norma para ser perfecta.
Un encanto de pareja...